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sábado, 9 de julio de 2011

Cacique Nigale

Fue el cacique principal de los indígenas del Lago de Maracaibo, quien con tenaz resistencia se opuso a la conquista española.

Don Alonso Pacheco lo hizo su paje cuando Nigale era todavía un niño. Al salir Pacheco de la región de Maracaibo dejó allí a su paje. Nigale como pertenecía a la tribu de los Zaparas, se volvió a su isla. Cuando hubo pasado el tiempo lo proclamaron cacique tanto por sus conocimientos como por su valor.

Como los Zaparas eran navegantes de primera sirvieron de guía a los buques españoles para que éstos pudieran atravesar la barra del Lago de Maracaibo.

Como fueron objeto de malos tratos por los españoles entonces se rebelaron y quemaron sus embarcaciones y pusieron en peligro a Ciudad Rodrigo. Este pueblo estaba protegido con doble paredes para esquivar el acoso español.

Para dar término a esta rebelión el Gobernador de Venezuela Sancho de Alquila ordenó al hijo de Alonso –Juan Pacheco Maldonado- que reclutara soldados en Trujillo y Mérida para que salieran a combatir al cacique.

Una vez reunida la gente se dirigieron a la isla Zapara. Nigale les salió al encuentro y les preguntó quienes eran, pero el capitán Pacheco le devolvió la pregunta a la cual respondió diciendo que él era Nigale cacique de los Zaparas.

Pacheco se presentó como el hijo de Alonso con el fin de acercarse a Nigale sin que éste maliciase de él, pero Nigale no dejó de sospechar preguntándole que si era tanto el afecto por qué se presentaba con tanta gente armada.

Lo siguió engañando diciéndole que le tenía miedo y que por eso se le presentaba de esa manera, pero que quería que su gente le ayudara a cargar los barcos y que él les daría buena paga y luego regresaría a Trujillo. Nigale aceptó la propuesta pensando que le decía la verdad.

Pacheco le pidió que su gente no portara armas. Lo invitó a almorzar, se dieron las manos y se juraron amistad.

Pacheco pidió que abrieran el paquete de galletas, pero uno de sus soldados le advirtió que no lo podían abrir porque él no les dejó llevar ni un simple cuchillo. Nigale buscó un hueso de pescado para zafar las correas de cuero. Abrieron el paquete y comenzaron a comer. Nigale y otro indígena no quisieron hacerlo entonces Pacheco los invitó muy cordialmente a tomar su bocado para bajar luego a almorzar. Cuando éstos se inclinaron a tomar sus galletas entonces Pacheco los tomó de los cabellos y gritó: Ahora, ¡A ellos!

Los soldados se lanzaron sobre ellos con los cuchillos que traían escondidos en sus mangas y en pocos minutos acabaron con los Zaparas. Sólo once –entre ellos Nigale- quedaron vivos y fueron hechos prisioneros.

Una vez consumada esta vil patraña, los españoles regresaron a la isla y se llevaron a mujeres y niños para Trujillo.


Fuente:
Torres Perdomo, María Electa.
Aborígenes: Olvidados de la Historia de Venezuela. 2007

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